Sala Copérnico casi llena, público mayoritariamente portugués pero también unos cuantos españoles con buen gusto y un setlist de diecinueve canciones que repasó veinte años de trayectoria. La banda lisboeta confirmó en Madrid por qué siguen siendo uno de los grupos más queridos de la música portuguesa contemporánea.
Hay conciertos que se sienten desde antes de empezar. La sala estaba casi llena cuando las luces se apagaron y los cuatro músicos ocuparon el escenario. Tomás Wallenstein al frente, alternando entre la guitarra y los teclados, Manuel Palha a su lado con la guitarra, Domingos Coimbra al bajo y Salvador Seabra atrás en la batería.
Abrieron con «Lentamente» y el público, que se sabía la canción de memoria, la coreó de principio a fin sin desde la primera nota.




Un recorrido por toda la discografía
El setlist fue generoso en duración —una hora y media— y ambicioso en alcance. Canciones de prácticamente todos sus discos, desde los primeros tiempos hasta «Subida Infinita» (2024), con especial atención a los temas que el público reconoce de memoria. como «Amanhã Tou Melhor» a la que la sala respondió con más energía aún.

En el tramo central del set llegó «Escolhas», el single lanzado en enero de 2026 y primer adelanto de su próximo proyecto. La banda la interpretó sin ceremonias, sin presentarla especialmente, dejando que se insertara en el flujo del concierto como una canción más del repertorio. Para quienes la conocían, fue una confirmación. Para los demás, sonó con suficiente solidez como para sugerir que el material nuevo va en buena dirección.
La sala y los momentos
La Sala Copérnico tiene esa escala perfecta para bandas como Capitão Fausto: suficientemente grande para que la música respire, suficientemente pequeña para que la distancia entre el escenario y el fondo sea perfecta para disfrutar de la música. La iluminación jugó bien con esa intimidad: azules fríos para los momentos más contemplativos, rojos cálidos para la energía más eléctrica,

Uno de los momentos más interesantes de la noche llegó cuando Tomás y Manuel coincidieron en los teclados durante varios compases. Dos músicos inclinados sobre el mismo instrumento, concentrados, con el resto de la banda sosteniendo la estructura: una imagen que resumía bien la dinámica interna del grupo, donde el protagonismo se reparte con naturalidad.

El bis llegó después de una salida breve. Los 4 músicos volvieron al escenario reclamados por el grito unánime de una más de los asistentes. Continuaron con «Andar à Solta» y cerraron con «Nunca Nada Muda», que funcionó como la despedida que nadie quería que llegara. El público agradeció con aplausos largos una noche de buena música.
Una banda que no necesita demostrar nada
Lo más llamativo de Capitão Fausto en directo es la ausencia de espectáculo en el sentido más inflado de la palabra. No hay grandes gestos, no hay monólogos entre canción y canción, no hay producción que tape las posibles grietas. Hay cuatro músicos que tocan bien, que se escuchan entre sí y que confían en las canciones. Es un planteamiento que puede parecer sobrio pero que, con el material que tienen, funciona sin fisuras. Todos los que lo vivimos disfrutamos del concierto








El jueves tocaron en Barcelona. La gira europea continúa. Y el nuevo álbum, cuando llegue, ya tiene audiencia esperándolo en Madrid.

