Camané clausuraba la séptima edición del Festival de fado de Madrid con una puesta en escena de fado intimista, casi de ritual, con la que ponía el final perfecto a un festival que en esta edición ha tenido una programación especialmente acertada.

El portugués abraza la tradición del fado más clásico con un toque de distinción, el que le otorgan su  elegante manera de cantar y la sobria presencia en el escenario. Poca luz, pocas palabras y mucho sentimiento. Camané nos transportó durante una hora y media a su casa de fado particular; un espacio íntimo, donde pudimos disfrutar de un fado auténtico y sin artificios.

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Comenzó la noche a media luz, con ‘Este silêncio’ cantado completamente a capella , magnífica apertura tras la que comenzó a sonar música, se hizo la luz e iluminó la figura de Camané y el público aplaudió mientras comenzaba ‘Sopram ventos adversos’.  En seguida presentó a los grandes músicos que le acompañaban: a la guitarra portuguesa:  José Manuel Neto, a la viola de fado: Carlos Manuel Proença y al contrabajo: Paulo Paz.

Siguió un repaso a los temas más destacados de su trayectoria:  ‘A Cantar é Que te deixas levar‘ y ‘Ela tinha uma amiga’ de su álbum “Como sempre como dantes”, ‘Mote’, tema perteneciente a su álbum “Na linha da vida ” con letra del gran poeta Fernando Pessoa, que tuvo  especial recibimiento por parte del público en forma de aplausos y bravos, ‘Dança de Volta’ y ‘A guerra das rosas’ se sucedieron unos tras otros sin más interrupción que los aplausos del público hasta que,  tras interpretar  ‘Lume’ de su último disco, “Infinito presente”, Camné rompió el silencio para anunciar que iba a cantar un tema en español. El elegido fue el bolero ‘Vete de mí ‘  que los asistentes agradecieron con entusiasmo.

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A continuación llegaba otro tema con letra de Fernando Pessoa, ‘Quadras’,  al que Camané puso especial sentimiento y el público lo aclamó por ello con aplausos infinitos y gritos de ¡bravo!. Después anunciaba un tema con letra de David Mourão Ferreira que dijo ser uno de los poetas que más le gusta cantar: ‘Casa (Tentei Fugir da Mancha Mais Escura), al que le siguió un gran tema de Amália Rodrigues, ‘Abandono’, que sonó así:

 

Anunció entonces  una sorpresa: iba a cantar algo del nuevo disco homenaje a Alfredo Marceneiro que tiene previsto lanzar en septiembre, uno de sus grandes clásicos que tantos fadistas han versionado: ‘Casa da Mariquinhas’. Siguió el flujo de fado con  ‘Medalha da Senhora Das Dores’ y  ‘Fado Sagitário’  pero después intervino de nuevo para decir si <<podía ser cantar otro tema en castellano>> y así, fue, inmediatamente cantó un hermosa versión del tango de Gardel, El día que me quieras’ , sentado junto a sus músicos.

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Después de este momento tan especial, recibido con mucho cariño por parte del público, siguieron los grandes éxitos de su larga carrera destacando  ‘Mais um fado no fado’preciosa y muy, muy aplaudida por un público entregado. ‘A Correr’,  ‘Quando o fado acontece’ ‘Marcha do bairro alto 1955’ tras la que anunció que el concierto llegaba a su fin y agradeció al público su presencia. De nuevo cedió protagonismo a sus músicos presentándolos  otra vez.

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Tras cantar ‘Sei de Um Rio’, abandonó el escenario, pero por poco tiempo, ya que el público no dejó de reclamarlo hasta que volvió a aparecer entre millones de aplausos entusiasmados, para interpretar otro tema del que afirmó ser su gran referencia: Alfredo Marceneiro. De él interpretó el fado cravo  ‘Triste Sorte’,  con letra de João Ferreira Rosa que con emoción nos contó que para él el fado es eso y nos dejó la promesa de que cuando vuelva hablaría mejor castellano.  Y finalmente se despidió con otro gran tema: ‘Saudades Trago Comigo’ de su disco “Uma Noite de Fados”  cuyos  versos  finales: <<Eu tenho um sonho doirado / Sonho que a minha alma quer:   É morrer cantando o fado / Nos braços de uma mulher. ( Yo tengo un sueño dorado, sueño que lo que mi alma quiere es morir cantando fado en los brazos de una mujer. >>  fueron sublimes.

Espectacular final, fado en esencia, todo el teatro en pie aplaudiendo, agradecido y un Camané sonriente y feliz porque siempre que viene es recibido con cariño y admiración. Camané fue bautizado en su día con el título de Príncipe del Fado, pero para nosotros ya es el rey porque cada vez que viene a nuestro país y canta, nos deja un pedacito de su alma hecha fado y esa noche tuvo el día especialmente brillante. Es tímido, pequeño, pero musicalmente enorme. Esperemos que vuelva pronto a presentar su nuevo disco y podamos disfrutar otra vez del fado más auténtico y la mejor voz.

 

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